Campo abierto

Amor y alegria

Jamás pensé que esos textos sesudos que me han producido incluso dolor de cabeza alguna tarde de lectura intensa, esos de Amaia Pérez Orozco, de Cristina Carrasco y tantas otras, fueran a serme tan útil a la vera de un bar. Y en una plaza a la caída de la tarde, en la bici de vuelta a casa o en la terraza de cualquier cafetería. Ahí...

Claro como la luz del día, el agua de los ríos o los rayos del sol, pese a los intentos culturales de invisibilización y ocultamiento, esos diagnósticos, esas certeras impresiones, de que ése que tanto defiendes, que tanto desconoces y tanto imaginas, no es ése. No es...

¿Y por qué no? Pues ya lo decía Simone de Beauvoir, el movimiento feminista, que con tanto acierto ha desmontado el amor romántico, y cualquiera con una mínima reflexión sobre los hombros y que, aunque sea por mero instinto, rechaza esas posiciones de poder que otorga el tener güevos. O más bien el no tenerlos (si ello equivale a tener valentía), pero que sean otorgados por concesión cultural, cuasi divina...

Porque de nada vale un amor que no quiere bien, porque querer mal es no querer. ¿Para qué unos pocos buenos ratos, unas risas y unas fiestas, un buen sexo incluso, si no hay escucha, si no hay respeto, si no hay cuidado?

Para qué si siempre se está en el mismo punto sin retorno, en el mismo ciclo vicioso que nunca termina siendo virtuoso: “No estoy cómoda”, “no me gusta que me desprecien en público”, “quiero que todo sea como ayer, cuando estábamos juntos y solos”...

Pero no. Es como él quiere y cuando él quiere. Ya se las apañará para mostrarse dolido, sufridor, celoso y vulnerable, lo que sea. Porque la mala, la dura..., eres tú, él lo intenta, él está en un mal momento, pero sí, te quiere, va a cambiar, va a hacer ese esfuerzo que tú demandas, va a cumplir la enésima prueba que le pides...

Claro que no. Lo que ocurre siempre es que hay vuelta a la casilla de salida: otra vez con la misma pelea, clónica a la de ayer y mañana (reconciliación entre medias, para crear confusión, porque algo bueno tendrá que haber, no? Palo y zanahoria...). Mismos roles, mismo argumentos, y al final el problema son tus amigas que no le miran bien, tú que no le entiendes, pobre...

No va a cambiar, que nadie cambia si no quiere, que nadie cambia si no lo necesita, que nadie cambia porque tú quieras y sueñes con que lo haga. Manipulación eterna mientras dure, otra vuelta de tortilla para no reconocer en el fondo que se es un cretino, un egoísta, una lobo siempre con piel de cordero. Pero debajo hay maltrato. Psíquico y social. No lo reconoce, no lo quieres ver. Pero está ahí, y yo lo veo. Y lo sabemos y podemos comentarlo porque otras lo han contado, lo han escrito.

Porque muchas a nuestro alrededor lo han/hemos de una u otra forma vivido.

Gracias por tanto a todas, brujas quemadas de hace siglos, feministas denostadas, mujeres sin conciencia feminista pero con mucha lucha a las espaldas, quien lo sufrió, quien lo está sufriendo, quien está de ello saliendo... Gracias a todos esos relevos de palabra que han construido las líneas de fuga necesarias para tener, como todas tenemos, como tú tienes ahora, para un cambio el campo abierto...

Etiquetas