Crónica del 8 de marzo de 2018

Foto: Daniel Cela. El Público: http://www.publico.es/espana/bulla-feminista-desborda-sevilla.html

Una cinta de raso morada se despliega y define un espacio, por y para las ausentes: asesinadas; migrantes; cuidadoras; madres en pre-parto, parto y post-parto; precarias que no han podido faltar a su trabajo… Hoy estamos todas.

Agarro con fuerza la pancarta (“¡Si nosotras paramos, se para el mundo!”) de la Asamblea Feminista de Sevilla. Miro a mi compañera, ambas contenemos la emoción en nuestros ojos brillantes. Vibramos con el sonido, con el calor de tantas mujeres. Es la guinda de un día que, quienes llevamos años saliendo a la calle el 8 de marzo y trabajando de una u otra manera en los feminismos, no podríamos haber llegado a soñar.

Para muchas de las compañeras que me rodean esta manifestación es el broche a un trabajo de meses. En esta ocasión yo he estado en la retaguardia. No tengo palabras para tanto agradecimiento como el que siento por su labor, su esfuerzo, su tiempo, por regalarnos la organización de este evento.

Este día 8 bien merecía dedicarlo a 24 horas de huelga laboral, de consumo, de cuidado y de estudios; para invertirlo en 24 horas de activismo.

El día comienza temprano, son poco más de las 8 de la mañana y me uno a una de las piquetas informativas. Algunas compañeras también han estado en la concentración de las primeras piquetas de las 12 de la noche en la Alameda y otras están en la calle desde primeras horas de la mañana, mucho antes de que despuntara el sol. Nos vemos en Torre Triana y de allí nos encaminamos al mercado de abastos de Triana. Silbatos, megáfono y muchas cuartillas que repartimos a un lado y a otro con la información de la huelga y los horarios de la concentración y posterior manifestación. Hay muchísima ilusión, mucha energía, muchas ganas de cantar, de contar y mucha esperanza en que será un 8 de marzo que no olvidaremos jamás. El grupo es intergeneracional, sólo conozco a un par de personas, pero pronto estamos riendo y disfrutando de nuestra compañía y del sentimiento de estar todas a una.

Nos encontramos con gente de todo tipo, muchas turistas, alguna mujer que nos cuenta que no puede estar con nosotras porque tiene que cuidar de sus mayores, algunas otras que se suman al grupo, una tendera del mercado que decide cerrar y se suma también a la comitiva… también algún hombre que nos suelta algún improperio (por si teníamos alguna duda de los motivos que nos llevaban a estar en las calles), alguna mujer “guardiana del patriarcado”… pero en general, muy buena acogida, ¡hasta el monumento de Triana al arte flamenco se suma a la huelga con uno de los mandiles reivindicativos!

Son algo más de las 10 de la mañana cuando decidimos caminar y trasladarnos a la puerta del centro de salud de Marqués de Paradas. Por el camino siguen sonando nuestros lemas, una compa suma su tambor: “Alerta, alerta, alerta que camina; la lucha feminista por las calles de Sevilla”, “Viva la lucha de las mujeres”, “Huelga feminista, 24 horas”, “Si nosotras paramos, se para el mundo”, “No somos violentas, somos divertidas”…

En el camino es mucha la gente que mira curiosa, que se acerca y que baila con nosotras aquello de “toma, toma, arsa, arsa, tíos flojos no quiero en mi casa. Que no mueve el culo, que no coge un cubo ni limpia la casa”. Sí, parece que somos una piqueta muy flamenca.

Algún paso de peatones nos cuesta cruzarlo un poco más de tiempo del que se mantiene el muñequito en verde. Esta piqueta está cumpliendo con su función, que se nos vea, que la gente se entere de que no es un día como otro cualquiera. Y lo estamos disfrutando… porque si no es divertido, no es nuestra revolución.

Caen las primeras gotas de lluvia en la puerta del consultorio médico. Instantes antes cantábamos “hoy no llueve, las diosas nos protegen”, pero claro, las diosas no sólo cuidan de las personas, sino también de la Tierra, que tanto necesita estas lluvias. Como el ecofeminismo nos enseña, no sólo es cuestión de interdependencia, sino también de ecodependencia. Por otra parte, también es posible que esas diosas estén emocionadas al prever el primer encuentro de la mañana en la Plaza del Duque. Pero antes, decidimos ir a reponer fuerzas a uno de los puntos de avituallamiento.

En CGT, los hombres se han organizado para cuidar de las criaturas y además nos reciben con café, infusión, tostadas, magdalenas… Miro a mi alrededor, en este edificio de varias plantas con su patio de luz en el centro, observo a quienes compartimos el espacio: caras de alegría, esperanza, trabajo colaborativo, compartir de las experiencias de la mañana… Me reencuentro con algunas amistades. Es indescriptible la cantidad de sentimientos que se entretejen.

¡Y volvemos a las calles! La Campana es el siguiente punto en el que paramos. Las Lentejitas son un grupo de mujeres de la Asamblea Feminista que nos regalan una performance muy emocionante… recuerdan a las asesinadas en este 2018. Todas ellas están con nosotras “ahora y siempre”. Los cánticos contra la violencia machista se imponen y es que “No son muertas, son asesinadas”, “No es un caso aislado, es el patriarcado”, “Si nos tocan a una, nos tocan a todas”...

Minutos antes han pasado por nuestro lado las gentes de CCOO y UGT que han convocado paros de sólo 2 horas para este día, “como si nos oprimieran a tiempo parcial”. Personalmente, creo que en este día se han caído las máscaras… y a la vez, también pienso que todo suma. Mejor dos horas que ninguna y lo importante era sumarnos en una sola voz en la manifestación de la tarde. Quizás el año que viene se haya logrado la revolución feminista, si no es así es posible que se sumen a la huelga general. No pierdo las esperanzas.

Aún no es la 1, hora marcada para la concentración, pero la Plaza del Duque está a reventar. Desde donde estoy puedo ver que la plaza está al completo y que la gente llega a La Campana. Según nos comentan también hay mucho estudiantado en las setas. Emocionada, muy emocionada. No puedo describir este sentimiento de lucha, de sororidad…

El grupo se dispersa en diferentes objetivos. Recogemos. Y sobre las 2 de la tarde ponemos rumbo al Pumarejo. Las calles están llenas de mujeres. Al aproximarnos a calle Feria el clamor de cánticos y silbatos es enorme, ¡toda una marea de gente camina al Pumarejo! Se ha cortado la calle de manera totalmente improvisada. Nuestras voces quiebran el silencio.

Creo que sólo he visto tanta gente en la Plaza en Domingo de Ramos. Las pancartas, globos, símbolos morados lo inundan todo. Más caras conocidas y, como era de esperar al ver la cantidad de gente que allí se ha reunido, se han terminado las bebidas y no queda nada de comer.

Hoy hacemos huelga de consumo. Decido llegar a casa, comer tranquila (afortunadamente mi pareja también lo ha previsto todo) y descansar un poco, ¡bendita siesta!

Comenzamos la jornada de tarde en Lanónima. También allí hay compañeros que nos cuidan con café e infusiones, a cambio podemos echar unas monedas para apoyar la causa del coño insumiso. ¡Y se desborda la creatividad! Pinceles, sprays, témperas, cartones, papel continuo… hay de todo para preparar las consignas de la tarde. Las mujeres se organizan en grupos diversos.

Yo quiero seguir empapándome con todo lo que veo… chicas jóvenes, mujeres mayores, niñas, hombres que llegan para cubrir las tareas de cuidado. ¡La revolución será feminista o no será! El ambiente que se respira es increíble.

El día avanza, ya queda menos para la gran manifestación; pero antes; un nutrido grupo nos desplazamos hasta la Avenida del Cid donde paramos el tráfico no más de 5 minutos con algún pequeño incidente que más vale olvidar. La policía custodia la cercana sede del PP.

Y por fin ¡desplegamos las pancartas! Todo el río de mujeres (y algún que otro hombre) avanzamos con paso seguro camino de Plaza Nueva. Sonreimos. Sí, lo estamos consiguiendo, somos muchas quienes decimos alto y claro que somos feministas y que “este mundo no nos gusta y lo vamos a cambiar”

Aún así, por muy optimistas que fueran nuestros cálculos, jamás pudimos llegar a imaginar lo que encontraríamos al llegar a la Plaza del Ayuntamiento. ¡No cabía ni un alfiler! La pancarta de la Asamblea Feminista debería de ser una de las primeras pero… ¿dónde está la cabecera? Aún no son las 7 de la tarde, hemos convocado en media hora y ¡ya no se cabe! Además, el recorrido es por calle Tetuan, un cuello de botella para avanzar. ¡Se han desbordado todas las previsiones!, esta vez no podrán decir que “somos 5 ó 6”, no he visto una movilización mayor en lo que alcanza mi memoria…

Aparecen banderas LGTBIQA+, racimos de globos de colores, pelucas moradas y rosas, suenan los tambores de la batucada, las tiendas están vacías y coreamos a voz en grito “Patriarcado y capital, alianza criminal”. Hay mucha gente, cada vez más caras conocidas. Nadie se queja, esperamos con paciencia, nadie empuja… nos miramos, gozamos, leemos las pancartas y seguimos coreando lemas: “Mujer cuidadora, mujer trabajadora”, “Escucha, hermana, esta es tu manada”, “Contra el capital, feminismo radical”, “Ni sumisa, ni callada, mujer fuerte empoderada” “Quiero ser libre, no valiente”, “No quiero tu piropo, quiero tu respeto”… y así hasta un sinfín de ideas; porque si algo ha desatado esta huelga es una creatividad infinita.

Respiro profundamente, mi voz y mi cuerpo olvidan el cansancio, miro a mi alrededor. Me siento feliz, orgullosa. Delante de mi una cinta de raso morada se despliega.