Los límites del crecimiento

Joven con pancarta
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El llamado Green New Deal no es más que un nuevo tipo de negacionismo que trata de ocultar al “elefante en la habitación”: la insostenibilidad del crecimiento económico perpetuo y, por ende, del mantenimiento del capitalismo industrial.

La comunidad científica advierte, de forma cada vez más insistente, de la insostenibilidad de las sociedades industriales organizadas bajo la lógica del crecimiento económico. En el informe Los límites del crecimiento, encargado por el Club de Roma al Instituto Tecnológico de Massachusetts en 1972, ya se señalaba que las tendencias del mundo llevarían al colapso de la civilización por el agotamiento de los recursos naturales y el aumento de la contaminación, y que los frenos para impedirlo debían activarse antes de dos décadas. Para ello se necesitaba “una revisión fundamental en la conducta humana y, en consecuencia, de la estructura de la sociedad actual”.

Tras más de cuatro décadas perdidas, ante la proximidad del cénit conjunto de extracción de las fuentes de energías no renovables —petróleo, gas, carbón y uranio—, hoy nos encontramos a las puertas de un nuevo escenario global en el que el declive económico e industrial se expresará de forma cada vez más clara e intensa durante las próximas décadas.

Sin embargo, a pesar de toda la evidencia científica acumulada acerca de los previsibles graves impactos que conllevará este decrecimiento energético, el conjunto de la clase política a nivel mundial, tanto por la derecha como por la izquierda, sigue mirando hacia otro lado como si no pasara nada. Si amplios sectores del establishment han decidido superar su negacionismo climático, no es por su determinación para señalar la raíz del problema y cambiar de rumbo —como atestiguan los fracasos repetidos de las Cumbres del Clima—, sino más bien por su necesidad de reducir la tensión geopolítica internacional y el conflicto social ante el inevitable declive energético, económico y material en las próximas décadas. Todo ello con una nueva estrategia comunicativa que, bajo el mantra de salvar el planeta ante la amenaza del cambio climático, les permita seguir legitimando el acaparamiento de los recursos limitados mientras continúan recortando el consumo de las poblaciones.

Una estrategia que ahora vemos liderar —bajo la bandera de la lucha contra el cambio climático— a los partidos socialdemócratas y verdes de los países más industrializados, respaldados por un buen número de grandes corporaciones transnacionales con el propósito de lograr un nuevo acuerdo social por el crecimiento “verde”. Sin embargo, el llamado Green New Deal no es más que un nuevo tipo de negacionismo que trata de ocultar al “elefante en la habitación”: la insostenibilidad del crecimiento económico perpetuo y, por ende, del mantenimiento del capitalismo industrial. En este caso, pasando por encima de la realidad de los límites energéticos y materiales que hacen imposible cualquier tipo de crecimiento “verde” y, por extensión, sostenible y justo para el conjunto de la humanidad.

De modo que hoy las perspectivas de la acción política se sitúan en un doble negacionismo: por un lado, representado por las extremas derechas que siguen negando el cambio climático y, por otro, liderado por las corrientes socialdemócratas y verdes que solapan el declive energético y los límites de los recursos a la hora de plantear sus soluciones mágicas contra el cambio climático.

Esta nueva dualidad sistémica, en caso de consolidarse sin una alternativa postcapitalista, podría acabar fortaleciendo la vía ecofascista: es decir, la de regímenes cada vez más autoritarios que, mediante su poder económico y militar, se permiten acaparar los recursos menguantes para tratar de mantener el insostenible sistema urbano-agro-industrial globalizado, así como los insostenibles estilos de vida de cada vez menos personas, a costa de excluir a cada vez más gente y pueblos enteros que no pueden ni siquiera acceder a los recursos mínimos materiales para llevar una existencia digna.

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