Feminismo

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Miles de mujeres tomaron la calle en repulsa por la sentencia de La Manada. Foto de Álvaro Minguito

Se acerca el 8 de marzo, la huelga feminista, una movilización importante del feminismo. Es previsible que algunos hombres (no diré ‘muchos’) se sumarán a estas manifestaciones, un menor número asumirán las tareas de cuidados ese mismo día. La mayoría se quedarán en casa, calladitos. Otros, más visibles desde la irrupción de Vox en el escenario político y el giro a la derecha del PP de Casado con su discurso monocorde de la “ideología de género”, se opondrán abiertamente, reclamando su masculinidad.

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Hacia la huelga feminista

Ser ecofeminista es para mi una necesidad. Esta idea de que somos seres ecodependientes e interdependientes, que necesitamos de la Naturaleza y de las demás personas para vivir, para ser felices y para construir ese otro mundo con el que sueño; es la herramienta, el filtro y el marco en el que quiero seguir siendo y estando. Por este motivo, los feminismos en general y el movimiento generado a partir del 8M del 2018 en particular, son para mi espacios vitales imprescindibles para seguir construyendo mi activismo social y político.

Gender is over

En verano de 2015 nació en Brooklyn, Nueva York, el colectivo y la campaña Gender is over (if you want it), adaptando el lema famoso de John Lennon y Yoko Ono War is over (if you want it). Principalmente el colectivo, formado por Marie McGwier y Nina Mashurova, dos personas que se identifican como no-binarias, promueve su mensaje a través de camisetas con el lema y eventos. Con los ingresos apoyan a colectivos trans y queer.

Clara Wichmann

“Tenemos que aportar nuestra parte de solución a los problemas del mundo. Y eso no es sólo para que logremos, posiblemente, una temporada llena de armonía. Hay sufrimiento que se puede solucionar en todos los lugares. Como seres humanos que nacimos en este mundo no podemos escondernos detrás de una aparente imposibilidad de cambio o mejoras o detrás de la idea de que cada mejora social viene acompañada de nuevos malos y cada liberación de nuevas obligaciones.

Imagen de una mujer con su horno

No trabajo.  Me levanto a las 7, pongo el desayuno y despierto a la nena, recojo, le visto y limpio, hago lo propio conmigo, a la calle. Al colegio de ella, a la casa de vuelta. Y a prisa, que no tengo tiempo de nada, ni un ratito si quiera para mis cosas, que tengo que encargarme de “mis labores”. Cocinar, lavar, planchar (“así planchaba, así así, así planchaba que yo LA vi”). Atender, escuchar, aconsejar, callar. Como no trabajo...

Amor y alegria

Jamás pensé que esos textos sesudos que me han producido incluso dolor de cabeza alguna tarde de lectura intensa, esos de Amaia Pérez Orozco, de Cristina Carrasco y tantas otras, fueran a serme tan útil a la vera de un bar. Y en una plaza a la caída de la tarde, en la bici de vuelta a casa o en la terraza de cualquier cafetería. Ahí...